No estamos apuradas

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Teresa 150x150 No estamos apuradas

Imagen tomada de http://wsorg.wordpress. com/tag/armando- jose-sequera/

MI cumplirá un año en poquitos días. Eso me ha puesto a pensar mucho en lo lenta que es para aprender algunas cosas y lo rápida que es para otras. Para algunas personas, su lentitud es motivo de preocupación y su rapidez es motivo de orgullo como si fuesen los padres de la criatura.

Para mi, que soy la madre, su rapidez es motivo de alegría y su lentitud es motivo de alegría también. ¿Por qué? En el transcurso del post, les explicaré.

Hay en la biblioteca de MI, un libro que se llama Teresa. Es del escritor Armando José Sequera, de mis autores preferidos. Él tiene la capacidad de reflejar en el papel la idiosincrasia del venezolano. Teresa, una niña menor de cuatro años, es el personaje principal de los cuentos que escribe su hermano mayor, quien sirve de narrador presencial en las historias.

En este libro hay un par de cuentos que revelan tres de los rasgos principales de la cultura de la crianza en Venezuela: el apuradismo, el intervencionismo y el enfermismo, también conocido como pediatrismo.

El apuradismo es un invento personal que explica esa necesidad insana de apurar los procesos de desarrollo y aprendizaje de los niños en función de las expectativas de los adultos.

En el cuento titulado ¿Para qué?, Teresa se queja de una tía, que tiene un bebé, diciendo algo que ahora uso como estandarte de crianza: ¿Para qué quieren que los niños hablen y caminen rápido si después se la van a pasar mandándolos a callar y a sentarse?.

Así mismito es. Con decirles, que en estos días, me dijeron que debía poner a Mariana a ver televisión todo el día para que aprendiera a hablar rápido. Yo no les dije nada, solo puse mi mejor cara de pendeja. No creo que vayan a entender que no tengo televisión por decisión propia porque no quiero que nos llenemos de mensajes alienantes que nos harán entrar en el rebaño de la sociedad consumista y vacía. Si quiero que MI tenga acceso al cine de calidad, como parte del aprendizaje de cultura general, ya encontraré otros medios.

Mientras tanto, MI apenas dice “aba” (agua) y, después de un curso intensivo, entiende dónde carrizo le queda la oreja. Mucho me sorprendió cuando le estaba cantando la canción del elefante del circo y la loquita se agarró la oreja y se la jaloneó bastante, ¡jajajajaja!

Volviendo al asunto del apuradismo, creo que a veces queremos que aprendan a hablar, dormir solos, dormir toda la noche, dejar los pañales, caminar, trepar, bailar, bajarse de la cama, y luego andamos preocupados preguntándonos por qué los niños de hoy en día son tan precoces y tienen sexo a los trece años, o andamos vueltos locos porque, desde que aprendió a caminar, el muchacho está tumbando la casa cual remolino de Tazz.

Estoy de acuerdo con la estimulación, pero siento que hay una línea delgada entre la estimulación y el apuradismo.

El segundo rasgo de crianza del que hablo es el intervencionismo. Armando lo explica muy bien en otro cuento de Teresa, titulado Retrasada, cuando la abuela de la niña dice que hay que llevarla al pediatra porque, poco después de haber cumplido un añito, apenas tenia dos líneas blancas en las encías. Esto inicia una discusión en la que los padres dicen que ella está bien y que no es necesario llevarla al pediatra. Que su único retraso es el de los dientes.

Esto pasa en todos los hogares venezolanos. No lo nieguen. Al menos en el 90% de las familias. Los abuelos y abuelas (además de los vecinos, amigos, hermanos, tíos, bisabuelos y demás personeros) intervienen para determinar cuál es el momento en que los nietos deben hablar, caminar, dejar la teta, entre otras cosas, siempre en comparación con fulanito que caminó a los siete meses, que dejó la teta a los seis, que caminó a los nueve. Nos olvidamos siempre que cada niño tiene su ritmo y cumple con cada etapa de su proceso de aprendizaje.

Para finalizar, en este cuento también se muestra el enfermismo o pediatrismo, es decir, cualquier motivo es bueno para ir al pediatra. Recuerdo que cuando MI tenía un pocas semanas de nacida, intentaba frotarse los ojos cuando tenía sueño. Como todavía le faltaba mucho para desarrollar la motricidad fina, apenas atinaba a agarrarse las orejas. Esto generó un ataque de pánico en las abuelas, tías y bis(c)abuelas porque suponían que MI tenía una infección que, según ellas, le “comía” los oídos.

En otra oportunidad, cuando ya tenía seis meses y gritaba incesantemente mientras jugaba y probaba la potencia de su voz, la abuela paterna entró al cuarto desesperada porque MI estaba quejándose de un dolor y nosotros debíamos ir inmediatamente al médico a ver qué carrizo pasaba.

Pienso que tienen una necesidad oculta de tener a los bebés enfermos para justificar sus propias existencias, para cuidarlos y darles medicinas. Esto también se conoce como Síndrome de Münchhausen, pero en menor escala.

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MI probando caraotas por primera vez

En mi opinión, si Mariana no ha aprendido a decir mamá, si se tardó casi un año en aprender a caminar, si apenas balbucea las consonantes B, T, D y Ñ, si tiene solamente dos dientes, es porque va a aprendiendo y desarrollándose a su propio ritmo. Me hace feliz ver cómo va descubriendo el mundo sola, en un entorno amigable, respetuoso, positivo. Una vez que ha aprendido bien una función corporal, descubre otra con la que se entretiene unos días o semanas. Nadie la presiona, así que se toma su tiempo para saborear cada cosa, cada momento.

Y yo feliz, tanto si va rápido, como si va lento.

One comment

  1. Liliana dice:

    Cierto es! Y te digo algo, mis hijos ven suficiente televisión Discovery Kids y Disney Jr es lo unico que les dejo ver a sus anchas, pero realmente lo que les ayudo a aprender muchas cosas fue con el contacto con otros niños. Si fuera por la televisión, por ejemplo, ya hablaran ingles (por lo menos las nociones) y no, que va. Ellos hablan lo que su papa y yo hablamos y usan las palabras que su papa y yo usamos, y al entrar en el colegio, las que usan en su entorno. La TV los entretiene y les da ejemplo de conductas, pero sus gandes patrones somos nosotros, sus padres.

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