Lecturas recomendadas…

Sus primeras horas. Parto Humanizado

“El no saber con exactitud qué sienten los bebés durante el parto, no justifica que nadie  se comporte como si no sintieran nada, concentrándose en la seguridad, con exclusión de la comodidad o la afabilidad. Durante los dolores y el parto, la combinación de tecnologías obstétricas altamente desarrolladas con una atención muy habilidosa y personalizada por parte de la comadrona, puede aumentar al máximo la probable comodidad del bebé sin poner en peligro su seguridad. Una vez que ha nacido, aceptarlo como persona y tratarlo en consecuencia contribuye a aliviar y facilitar la transición hacia una vida independiente.

Inexorablemente obligados a salir de un refugio cálido y líquido a través de un apretado pasaje rodeado de hueso, a un mundo lleno de luz, ruidos y texturas, cada diminuto fragmento del sistema nerviosos del bebé reacciona con una conmoción, que es la que pone en marcha los esfuerzos que hace para respirar por sí mismo. La placenta, que alimentó su circulación de oxigeno desde la corriente sanguínea de la madre, ha cumplido con su trabajo. Ahora el bebé tiene que respirar. Pero si nadie se apresurase a cortar el cordón umbilical, la sangre que todavía late en él le daría un poco de tiempo. Si esperamos tratándolo con suavidad, es muy posible que realice esa transición vital por sí mismo, sustituyendo así las viejas brutalidades de propinarles palmadas en el trasero por la belleza de un primer vagido sin llanto.

Una vez que respiran con normalidad, los bebés necesitan tiempo para descansar, recuperarse, reunir toda su fortaleza y descubrir nuevas clases de comodidad en un nuevo mundo feliz. El vientre de la madre, ahora blando y flácido, forma la cuna ideal para el bebé que, sin embargo, no podrá descansar hasta que no se hayan apagado los ruidos que lo rodean. Es posible que el personal médico haya necesitado hablar y moverse de un lado a otro bajo luces brillantes, para que el parto fuera seguro. Pero ahora que el bebé ya ha nacido, se puede disminuir la intensidad de las luces para que no le dañen los ojos que apenas han visto la luz y procurar que se haga el silencio para que no le sobresalten los ruidos repentinos y fuertes.

Si todo permanece en silencio y en semipenumbra, si todo es cálido y está tranquilo, el bebé, cerca del olor y los sonidos familiares de la madre, empezará a relajarse: la respiración se afirma, el rostro arrugado se suaviza y hasta es posible que abra los ojos hasta entonces fuertemente apretados. El bebé levanta ligeramente la cabeza, mueve las extremidades contra la piel de la madre, y sostenido suavemente contra su pecho desnudo, puede mamar o al menos rozar el pezón con la boca, descubriendo así una nueva forma de contacto humano que contrarresta esta separación, nueva para él. Estos son los primeros contactos del recién nacido con el mundo, los primeros momentos de una nueva vida: procure que los experimente en paz.

Hay que pesar al bebé, pero ¿por qué hacerlo necesariamente ahora? Su peso no cambiará durante la próxima media hora. También hay que lavarlo, pero ¿por qué ahora? La capa sebácea que le ha protegido la piel durante meses no le hará ningún daño sólo porque haya nacido. Hay que vestirlo. Pero ¿por qué ahora?  El calor de usted, una suave envoltura y el propio calor de la sala de partos es todo lo que necesita. Hay que ponerle un vendaje en el muñón del cordón umbilical, hacerle un examen físico y prepararle una cuna. A usted también la tienen que lavar y cambiar, trasladarla a una cama, darle algo de beber, prepararla parta dormir. En efecto, hay que hacer todas esas cosas, pero tampoco hay necesidad de hacerlas inmediatamente. Su bebé ha nacido. Ahora vive independientemente. Ha pasado el momento de utilizar la avanzada tecnología del hospital. Es el momento para hacer una pausa llena de calor y pacífica intimidad entre los tres”…

 

Bibliografía (Recomendada!)

BEBE Y NIÑO, Penelope Leach

Editorial Grijalbo

 

SIN TETAS Y A TU LADO, por: Eli Bravo.

¿Qué tenemos que ver los hombres con la lactancia? Quizás no seamos los proveedores del alimento, pero si podemos ser el apoyo más importante para la madre que ofrece el pecho a su bebé. Estando de su lado podemos darle la inspiración y el afecto que necesita para amamantar felizmente.

Somos mamíferos, así que por naturaleza estamos diseñados para alimentarnos durante los primeros meses con leche materna. Durante ese tiempo, cuando “el bebé es de su mamá”, los padres podemos crear las condiciones para que la madre (sobre todo primeriza) se sienta relajada y segura al dar teta. Eso incluye un mensaje de motivación, y en ocasiones, resistir la tentación a decirle “olvídate de eso, el niño tiene hambre, yo le preparo un tetero”.

Tradicionalmente las abuelas eran el reservorio de la sabiduría para iniciar el proceso de lactancia. Pero lamentablemente durante el siglo XX muchas mujeres abandonaron esta práctica por razones de conveniencia, desinformación y las presiones de una sociedad que veía en la fórmula un mejor alimento. Esta línea de conocimiento se rompió, por ello ahora abundan los grupos de apoyo a la lactancia: redes de mujeres que comparten información, cariño y estímulo para superar las dudas y temores.

Un hombre que defiende a su pareja de las voces que le dicen “no te sale nada, tú no tienes leche” es un hombre que defiende la salud física y emocional de su familia. Toda mujer, con pocas excepciones, está en capacidad de producir toda la leche necesaria para su hijo, y ese es el mejor alimento que existe. Lo que suele faltarle a esa madre no es la leche, sino la información de cómo lograr una lactancia feliz.

Los padres podemos asegurarnos de que la madre y el hijo estén juntos durante los primeros minutos tras el parto, cuando las hormonas e instintos están al máximo para crear la impronta o vínculo entre ambos. Esa primera teta encierra la clave del éxito.

También podemos motivarla a que busque ayuda con los grupos de lactancia. Y nos hará bien recordar, sobre todo en las noches de desvelo, que esos momentos cuando el bebé “se chupa” a la mamá son pasajeros. Y que si nos sentimos desplazados, es cuestión de tiempo para que la sonrisa llena de energía de nuestro hijo nos diga ¡Valió la pena!.

Artículo tomado de la página http://www.inspirulina.com de Eli Bravo y leído a los padres que nos apoyaron en la I Entrega de Reconocimiento a la Lactancia Materna. Organizado por la Dra Ma. Antonieta Minicozzi (pediatra de Manu), como estímulo a la prolongación de la Lactancia Materna entre sus pacientes.

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