06/3/13

El Desamparo materno

No encontré un título más adecuado para el post que este, y además para escribirlo esperé a que ese sentimiento o situación desapareciera para poder contarles, ya desde afuera, lo que se siente.

Un día de lluvia, como el de hoy en el que escribo el post, puede desatar el más profundo sentimiento de desamparo. Ustedes dirán que puede ser por el día gris o porque a veces uno se pone melancólico, pero no, es por algo mucho más práctico aunque suene descabellado.

Yo no manejo, o procuro no hacerlo. No me gusta manejar, soy torpe y nerviosa; me estreso y en un carro sincrónico eso no es bueno. Una vez se me apago en medio de un cruce, entre el corneteo y la lluvia me costó casi 20 minutos prenderlo, por eso manejo lo mínimo.

Aclarado lo anterior, he tratado de que todo me quede cerca (colegio, trabajo, supermercados, panaderías…), hasta ahora lo he logrado, el problema es cuando llueve. Yo a pie con dos niños y un palo de agua (chaparrón) no es buena combinación.

¿Y el desamparo? Esto es un ejemplo pequeñito, pues al no contar con una tribu ha convertido los días de lluvia en mis enemigos. Mi esposo trabajando y sin mis vecinas, que son las únicas que me echan una mano, termino emparamada y a veces con mis hijos mojados.

Aunque el sentimiento de desamparo va más allá… Guille se me enfermó un fin de año con fiebre de 40 y los cohetes sonaban y todo el mundo estaba de fiesta, mientras mi esposo y yo bañábamos al niño con compresas y lo abrazábamos para que se sintiera mejor. Ahí el desamparo fue familiar porque allí papá me entendió.

En estos tiempos modernos cada quien vive su vida, el mundo gira y gira hasta que te conviertes en madre o padre. Se ha arraigado la creencia que la maternidad es un asunto doméstico y no, la maternidad tiene implicaciones sociales profundas. ¡Alguien tiene que parir, criar y alimentar a los ciudadanos y trabajadores! Y quien más sino mamá.

El problema no es aprender a pedir ayuda, eso lo superé, ahora hasta soy capaz de gritar AUXILIO, el problema es que nadie acude, nadie viene. Todos ven desde afuera sin intenciones de involucrarse. No hay sustento emocional para las familias y mucho menos para los padres, pero si son capaces de criticar el desempeño de los hijos o de sus familias.

Critican a las madres solas si les dejan los bebés a los abuelos o a otras familias, criticamos si los niños tienen berrinches o si están brincando o “molestando” en espacios públicos… Pero son incapaces de preguntar “¿Señora mamá, señor papá necesita ayuda?”

Ya no nos emplean, y es que hasta la legislación y el Estado nos embromó y así me quieren convencer que la maternidad es sólo una cuestión privada. Obvio que empieza con una decisión personal, uno decide si quiere o no ser madre pero luego, el día que ese bebé llega empieza el entramado social que envuelve todo el asunto. No puedo criar a mis hijos y complementar el sustento de mi familia sin que la legislación, mínimo, no me estorbe.

El desamparo va más allá de lo económico, las “ayudas” o misiones no han frenado el embarazo adolescente ni la paternidad irresponsable. Las cifras del último censo lo demuestran.

Además, las mujeres perdieron la empatía y el sentido común, el estar en tribu nos hace las cosas más fáciles. Pero optamos por repetirnos que “somos fuertes y podemos solas” y así demostrarle al mundo que somos unas guerreras mientras lloramos todas las noches del cansancio junto a nuestros esposos o solas porque no hay quien nos releve en la rutina, sobre todo si llueve.

03/17/13

El globo y la tristeza de Guille

Mi hijo Guillermo, de 3,9 años, es el ser más feliz que conozco, jamás lo he visto molesto o triste. Siempre sonríe y siempre esta saltando de un lado a otro.

Ayer fuimos Guillermo, su hermanita Bárbara, mi hermana Jeka y yo a pasear. Hacia mucho calor y terminamos en un centro comercial de la ciudad. Entre correr, montarse en unos carritos y volver a correr le compré unos globos. Bárbara escogió uno tradicional de color amarillo y Guille quiso uno de Batman inflado con helio.

Jugaron lo que quedaba de día con sus globos y esta mañana, sobre todo Guillermo, anduvo por toda la casa con su globo “de Spiderman” aunque era de Batman.

Salimos a comer fuera y Guille se quiso llevar su globo, le dijimos que si y salió feliz de casa hasta que lo soltó, no nos dio tiempo de agarrarlo y subió y subió hasta que se perdió de vista y mientras mi hijo lloraba y decía “baja, baja globo” y nos veía y nos pedía “busca el globo, bájalo”.

Lloró con mucho sentimiento, lágrimas y pucheros… Mi hermana me llegó a decir “no había visto un niño tan triste por su globo”. Mientras más arriba y lejos lo veía, más lloraba.

Mi hijo no armó una pataleta, como hubiesen dicho muchos, ni lloró por malcriado. A mi hijo le dio tristeza ver como se le iba el globo sin que pudiésemos hacer nada. No es fácil experimentar esa clase de sentimientos.

Lo consolamos, lo abrazamos y besamos. Buscamos otro globo, aunque él seguía repitiendo que el suyo se había ido y al recordar que había visto unos helicópteros de juguete nos explicó:

-Con el Helicóptero buscamos mi globo de Spiderman y lo bajamos…

Yo le decía que el globo se había ido lejos y muy arriba volando y que ya teníamos otro de Cars, pero él sabe, aunque juegue con el nuevo, que su globo se fue al cielo.

¿Qué aprendí? Que no son las cosas o los juguetes los que hacen que un niño como Guillermo se entristezca, son las situaciones, que poco a poco aprenderá a manejar. Hoy supo que a veces se pierde, que a veces no podemos hacer nada, pero hay que seguir adelante aunque eso no significa que olvidemos, porque aunque lo diga calmado sigue diciéndome “si buscas el helicóptero, se baja el globo”.

Cuando su niño(a) llore por el juguete que perdió o rompió no menosprecie esos sentimientos, esa personita está empezando a manejar sentimientos de frustración, impotencia o tristeza. Ayúdelo(a), construya junto a su hijo(a) una inteligencia emocional que les permita llorar para seguir adelante.

02/22/13

Nacimos para vivir con apego

La maternidad rompió todos mis paradigmas, hasta los que regían mis opiniones políticas y sociales… El instinto materno fue más fuerte que los convencionalismos y la costumbre de mi familia, amigos y comunidad. Se que mi opinión y mi instinto no las hará cambiar, que son capaces de saber lo mejor para sus hijos y familias.

Pero acabo de ver un vídeo gracias a Amor Maternal, de estudios viejísimos que no han tenido la divulgación que deberían. Échenle un vistazo y dejemos todo atrás, seguro ese instinto o esa voz que callamos dentro de nosotras mismas para complacer a otros saldrá fortalecida y tendremos familias más libres y más felices.

El instinto materno no se equivoca los humanos y muchos otros mamíferos están hechos, biológicamente, para tener contacto y amar a sus crias.

10/9/12

#Filosofando sobre la #Maternidad

  1. Hoy tampoco tengo mucho sueño, a ver ¿Quieren que #Filosofemos?
    Kareta
    Sat, Jul 14 2012 15:19:23
    ReplyFavorite
  2. ¿Me dan un tema que se relacione con #maternidad #política o #TrabajoEnRed para que #Filosofemos?
    Kareta
    Sat, Jul 14 2012 15:19:23
    ReplyRetweetFavorite
  3. @Kareta Mujeres que tienen que ser madre y padre a la vez.
    MigeruPereira_M
    Sat, Jul 14 2012 15:19:23
    ReplyRetweetFavorite
08/8/12

14 meses de lactancia y contando…

Las razones de por qué sigo dando de mamar a mi hija de 14 meses van más allá de la nutrición. El amor y la relación intima que hemos desarrollado están en el top de las razones que para mi y mi familia son prioridad y con ello he aprendido y me he convencido que eso es lo que nos debe importar sobre los comentarios de otros ajenos a mi esposo y mis dos bebes.

El dar de mamar a Bárbara, mi segundo bebé, me liberó de la culpa de no haber podido amamantar a mi hijo Guillermo. Todos los días me preguntaba ¿Por qué con Guille no pude?… Cada vez que trataba de responder lloraba y me decía que fue falta de voluntad. Pero una noche, en un programa de televisión sobre la depresión, que por cierto sufrí durante mi primer postparto, le decía a la que me entrevistaba que la lactancia con mi primer hijo había fracasado porque la ignorancia había ganado… ¡Bingo!

Al fin había encontrado una respuesta que me hacia admitir mis errores, implementar soluciones y liberarme de culpa. El que la ignorancia hubiese ganado una batalla, no significaba nada, aún había cosas por hacer, mamás a quienes ayudar y acompañar. Tiene solución y me hizo aprender, a confiar en mi instinto y a buscar ayuda cuando la necesité… Claro que lamento que Guille fuese el más perjudicado, pero el no haber tenido su tetica, por más de 2 meses, no lo privó de amor y de tener una crianza respetuosa.

Todo lo que no sabia, lo se ahora y me ha ayudado a llevar una lactancia exitosa con mi hija, ha sido todo un proceso que requirió de mucho apoyo en casa, un proceso que no tiene tiempos ni horas establecidas y con el que he necesitado romper paradigmas y encontrarme conmigo misma para escucharme y bloquear todos los tabúes, creencias y tonterías que actualmente rodea a la lactancia materna.

Entendí que mis tetas no están allí para mi propio placer, también están para dar soporte, amor y alimento. No sólo hacen feliz a un hombre. Ellas, sean grandes, chiquitas, paradas o caídas hacen feliz a una bebé que en su forma de decir que me extraña, que tiene hambre o sueño, exclama ¡Mamá teta!