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Madres y padres estarán “Contando historias de lactancia” en el Boleíta Center

En el marco de la celebración de la “Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013”, se llevará a cabo un evento sin precedentes con el objetivo de empoderar a las familias y animarlas a lactar.

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“Mamás al día con la lactancia” organiza el evento “Contando historias de lactancia” en conjunto con el Boleíta Center para el próximo sábado 3 de agosto. El lema que acompaña este año ala Semana Mundial de la Lactancia Materna (SMLL) es “Apoyo a las madres que amamantan: cercano, continuo y oportuno”. Por tal razón queremos destacar la importancia de difundir experiencias que muestren una vivencia que inspire a madres, padres y al entorno familiar a empoderarse de su proceso y lograr una lactancia exitosa.

1Las historias serán relatadas por sus protagonistas, mujeres y hombres quienes contarán cómo lograron superar los obstáculos hasta cumplir el objetivo de lactar a sus bebés y brindarle todos sus beneficios.

Durante la jornada también estarán presentes expertos del área quiénes hablarán de temas vitales para las madres como la introducción de alimentos después de los 6 meses y cómo crear un banco de leche materna casero, ideal para las madres que deben regresar al trabajo. Contaremos también con la asistencia de consejeras de lactancia materna que atenderán dudas y preguntas de manera personalizada. Mientras tanto,los más chiquitines disfrutarán de una sesión de cuenta cuentos. El evento cerrará con con una amamantada masiva pública, para mostrar a todos que una familia que amamantar fortalece la sociedad.Se invita a embarazadas, madres en proceso de lactancia y público en general a participar de esta actividad.

2Más de 25 madres y padres enviaron sus “Historias de lactancias” al equipo organizador. De éstas sólo algunas serán presentadas en el evento y el resto podrán disfrutarlas en la página www.mamaaldia.com.ve. Cada narración muestra que la voluntad y la autodeterminación son vitales para alcanzar lactar a los bebés.

El evento “Contando historias de lactancia” es gratuito y pueden participar todos los que quieran disfrutar de un sábado ameno en el

Centro Comercial Boleíta Center. Es el 3 de agosto a las 3pm

en la terraza de la Feria de comidas. Mayor información www.mamaaldia.com, @mamaaldia, equipolactancia@gmail.com.

Sígue #historiasdelactancia o #lactancia en twitter.

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El nacimiento desde los ojos de la Doula, Capítulo V

Tomado de Placentera, autora: Diana Vegas.

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Cuando conocí a los padres de Lucas en el curso prenatal de Auroramadre sentí una conexión casi inmediata con ellos. Quizás porque me recordaban a mí misma, se me hacían que eran personas que fácilmente podrían ser mis amigos si por algún azar nos hubiéramos conocido antes de ese momento. Ella tenía de esas barriguitas pequeñitas. En Venezuela hay un bombón de chocolate muy rico que se llama “Toronto” se trata de una avellana envuelta en una bolita de chocolate de leche; aquí a las mamás que por detrás ni parece que estuvieran embarazadas y cuyas barrigas son redonditas se les dice que parece que se hubieran tragado un Toronto 🙂 así parecía ella. Cuando me escribió por el Facebook me tomó un momento entrar a su perfil y darme cuenta que era ella! Una partecita de mí lo esperaba o más bien lo deseaba. Y otra, la predominante, simplemente se sentía agradecida. Amo mi trabajo!

Para mí los encuentros previos al nacimiento son fundamentales, son el espacio y el tiempo para echar historias de vida que hablen de cómo ha sido el camino para llegar a este punto, da la oportunidad de conocernos un poco para así sea atisbar a qué vamos a enfrentarnos juntas. Me gusta hablar con las mamás e indagar en ellas, el trabajo de parto es un evento profundamente emocional y me da tranquilidad saber qué puede surgir y cómo puedo ayudar. Me gusta hablarles claro, no meterles miedo pero si que ellas sepan también a qué atenerse, es trabajo y aunque yo estoy en su equipo para llevar a cabo su visión, su plan de parto, yo estoy darles apoyo y asistirlas, es a ellas a quienes les toca parir.

En este caso, mamá estaba completamente involucrada, anhelante, había leído mucho durante el embarazo, y más que luchar por mantenerse activa con ella hay que luchar para que descanse. Se ve preparada, más bien está preparándose continuamente para el reto, sabe que puede y quiere parir, no tiene tenor sabe que todo va a estar bien, poco a poco todo va encajando y fluyendo; la madre de ella que inicialmente no estaba tan a favor del parto en casa (por el temor a que no esté la ilusión de control que ofrece la clínica) finalmente se sube a bordo y ellos replican la estrategia de mi acompañamiento más reciente y que no tengo idea por qué no se me ocurrió a mí: avisar a la familia cuando el bebé ya ha nacido.

El día antes del nacimiento (sin saber que lo era) pasamos la mañana conversando, ya nos habíamos visto dos veces antes para hablar, tomar fotos y compartir una rica comida vegetariana, ella es chef y se lució con arroz integral y ajonjolí, ensalada con queso fresco y vinagreta asiática y una ‘jamón’ vegetariano a base de cereales, leguminosas y ricas especies. En nuestra tercera visita conversamos un poco de los temores, de las sensaciones expansivas que ella ya estaba teniendo (le aseguré que en teoría podría pasar así varios días, mientras no botara el tapón mucoso o las sensaciones adquirieran un patrón aun no estaría en trabajo de parto como tal), hablamos de su plan de parto, de hecho lo revisamos punto a punto, yo me anticipe y le dije lo que con frecuencia les digo a las mamás: escribe tu plan de parto, pero sé flexible; las cosas suelen suceder distinto a lo que imaginamos o creemos que queremos. He conocido mamas que tienen partos que considero hermosos pero que no se sienten satisfechas con la experiencia porque tal o cual cosa no salió como ellas esperaban. Está bien leer, prepararse y también está bien dejarse ir y entregarse a la experiencia. Cuando me dice que quiere separa el cordón con la llama de dos velas honestamente pensé, dónde habrá visto eso? 😛 Me comento que había leído el artículo y que le había llamado mucho la atención, que a los dos les parecía un ritual lindo. Le comenté que era cuestión de hablarlo con Beltrán y que yo sabía la teoría pero nunca había visto uno salvo en videos de youtube. También me muestra una carta para los familiares sobre sus deseos para los primeros días, pienso que es genial, se que es probable que haya alguien que se ofenda pero pienso que es mejor decirlo a quedarse callada y ofenderse a si misma al permitir cosas que no desea (el gentío hablando alto y pasándose al bebé de unos brazos a otro) En realidad no tendría ni que decirle nada porque ella sabe lo que quiere y se le siente la tranquilidad en la búsqueda a lograrlo.

Durante esa tarde intercambiamos unos cuantos mensajes, ella me comenta que sigue teniendo sensaciones, yo le digo que dormiré con el teléfono cerca, cosa que hago, pero no entiendo cómo es que ha quedado en silencio. Me despierto en la mañana del 5 de Julio, día feriado en Venezuela y mientras termino de despertarme tengo una sensación en el pecho, me levanto y efectivamente hace una hora que me escribieron, es el día! Recojo mis cosas y salgo corriendo! Cuando llego y, el obstetra y su esposa Isabella han llegado. Ella pasó toda la noche teniendo expansiones más o menos regulares, cuando salió el sol fueron al consultorio de Beltrán, ella iba con la sensación de no estar segura si era o no era, como aun no había botado el tapón, ni roto fuente, tenía el temor que el doctor le fuera a decir que ni siquiera había comenzado a dilatar, sin embargo cuando le hacen el tacto Beltrán le informa que ya prácticamente tiene 8 cm, que vuelen para la casa y él se va detrás, coordina con Isabella para que lleve la piscina de parto que estaba en su casa y nos encontramos todos allá.

El ambiente en el hogar es por demás tranquilo, se siente la emoción en el aire, nos preparan un rico desayuno, arepitas, huevitos revueltos, queso y un vaso de bebida de avena! A ella le toma fotos su hermana, ella posa y todos nos reímos.

 

 

 

 

 

 

Mamá está en el cuarto con papá, cuando llego siento que se cierra un triangulito, ahora estamos los tres en el cuarto, nos rotamos, caminamos, masajeamos, respiramos, ella va más que bien, tiene un umbral del dolor altísimo. Entre expansiones me comenta que ha estado usando la crema que le preparé todo el trabajo de parto, yo también la uso para darle masajes, con las manos y con el antebrazos por las caderas, los glúteos, los muslos, retorno a mi canciones amadas de Indios Brasil y sostenemos juntos un espacio de armonía, por instantes todo está en calma y luego nos reactivamos. Veo como le habla a su bebé y soba su barriga, “Lucas te estamos esperando” durante la expansión sube y baja alternando los talones, pareciera que estuviera subiendo escaleras, se mece, se mueve, se queja, lloriquea. “Este es el momento del que hablamos” -le digo yo, “crees que no puedes más, pero en realidad estás muy cerca” Cuando la sensación pasa se le nota el cansancio, la animo a recostarse y hasta se queda dormida. La despiertan las contracciones “¿Cuánto más?” pregunta. “tócate” le digo ya lo sientes? Si, dice ella, ya lo siento. Qué pasa que no puja? Me pregunto en mi mente. Entra al cuarto el doctor, ella se pone en cuclillas a un lado de la piscina, su bebé ya está ahí, pero le da temor pujar. “¿A qué le temes?” Le pregunto, “a que no salga” me responde. Con la siguiente expansión ya no se escucha un quejido, más bien gruñe, va a entregarse a la sensación, se siente todo tan inminente. Beltrán le dice “veo que te decidiste a tenerlo ahí” (fuera del agua) No, dice, Decide meterse, la ayudamos a entrar, con la siguiente puja un poco más y cuando pasa la sensación se levanta. Veo que Beltrán saca una ampolla (que asumo es methergine) y una jeringa, más tarde me entero que él viene de pasar toda la noche atendiendo a una mujer que hizo hemorragia luego de una cesárea y hubo que hacerle transfusión la madrugada anterior, no había camas disponibles, el doctor durmió en una colchoneta en el suelo :/

El tiempo entre contracciones que había estado siendo cada vez menor ahora se expande, tarda unos cuantos minutos en venir, tiempo en el que aprovechan los familiares más cercanos para entrar al cuarto, cuando viene la sensación ella se agacha entra al agua y puja con todas sus fuerzas y en contra del ardor que luego me comenta sintió; el aro de fuego, en un momento Beltrán le pide que eche las caderas hacia adelante y todos nos emocionamos al unísono, la cabeza ya está allí! Más tarde cuando miré el video pensé en que si soy exagerada con mis griticos de emoción, debo recordar honrar el silencio! Todos estamos que lloramos. Veo claramente, a pesar de la penumbra del cuarto, como la cabeza del bebé gira, instantes después sale todo su cuerpecito. Beltrán guía el camino y los dos le decimos a la nueva mamá: “Agarra a tu bebé” él agrega “recuéstate y llévala al pecho” y comienza unas cascada de bienvenidas, fotografías, besos, palabras de amor. Miro el reloj, son las 12:12 del mediodía. Papá, que había estado de frente todo el expulsivo se une a mamá para celebrar, como 15 min después, ella, aun con bebé en brazos sale de la piscina, la secamos y la recostamos encima de centro de cama y un pato de plástico para recolectar la placenta. Cuando justo se ha cumplido la media hora tras el parto ella siente de nuevo contracciones, como esta acostada requiere un poco de asistencia, Beltrán no es tanto lo que jala como es lo que sostiene, cuando sale la placenta y un coágulo grande pero dentro de la pérdida normal, ella respira aliviada dice que finalmente siente que lo ha logrado, que lo hizo, ya está listo, alivio total, no puede borrarse la sonrisa de la cara.

Mientras tanto, su bebé, que todo momento ha estado contacto piel a piel con ella, está sobre su pecho, salivando, estrenando sus pulmones, re-conociendo a mamá, buscando sustento, moviendo sus piernas; estimulando el retorno del útero a su tamaño original, Lucas Matías hace todos los movimientos, finalmente mamá se sienta e Isabella le ayuda a establecer ese primer agarre, mientras que yo ayudo a papá a quemar el cordón con la llama de una vela. Yo sabía que era un proceso pero no sabía que fuera tan largo, entre 15 y 20 min, el olor es un poco fuerte, como a pelo quemado, el cordón queda literalmente cauterizado (no deja herida abierta como deja el corte con tijeras) a los pocos instantes que se suelta el cordón (que por pura suerte registré el video, comencé a grabar y menos de 10 segundos después ocurrió la separación) Lucas se engancha a su teta y no la suelta. Papa emocionado dice “así es hijo agarre esa teta que ahora es suya”, “menos mal que estas claro en la vida” le digo yo J luego que Beltrán e Isabella se despiden realizamos la impresión de la placenta y el cordón y vestimos a Lucas, quien ya comienza a pasar meconio 🙂

 

Los dejos ya vestidos y acurrucados, felices, ella no puede creer que se le ha cumplido todo su plan de parto, todo ha salido bien. Al día siguiente regreso a compartir, revisar el agarre, conversar de la experiencia. Los dos están felices “me siento demasiado agradecida a la vida, me siento muy afortunada de todo” Ha tenido una maravillosa experiencia y lo sabe, yo agradezco el poder haber estado ahí para atestiguarlo, el tomarme el tiempo de registrarlo, agradezco la generosidad emocional de los padres al permitir compartirlo.

¿Quién da vida a quién?

Sigo maravillándome de las cosas que me han estado pasando en este último año, desde que MI entró en mi vida. Ella no fue planificada, pero sí fue deseada y esperada con mucho amor. Con una pareja que parecía estable, un empleo de librera que me daba un buen ingreso, excelentes beneficios laborales para trabajadores con hijos (bono de nacimiento, seguro médico, guardería desde los tres meses, bono para juguetes y útiles escolares) y un futuro prometedor, solo hacía falta un bebé para poner la guinda al postre.

Un lluvioso 17 de noviembre estaba abrazada a mi esposo en medio de la librería, llorando de la felicidad: la prueba dio positivo. Ya en casa, sola, acostada en la cama, viendo el techo, no lo podía creer. Más allá de los síntomas que se dejaban confundir con un síndrome premenstrual, mi cuerpo no mostraba cambio alguno. ¿De verdad había sucedido el big-bang dentro de mí?, ¿de verdad se estaba formando una nueva vida en mi vientre?

2 1024x768 ¿Quién da vida a quién?

Prueba de embarazo

Pasé la mayor parte del embarazo de buen humor, soñando y soñando. Es maravilloso sentir cómo le das vida a cara réplica de célula de ese pequeño cuerpecito. Estuve tan emocionada que soporté de buen grado y hasta disfruté cada mala de primer trimestre: mareos, ganas de ir al baño a cada rato, hambre voraz, antojos de gelatina y helado de chocolate, aquella sensación de dormir dopada, sueño infinito, las ganas de vomitar, aquel ataque extraño de hambre a las cuatro de la mañana. Supe que había superado el primer trimestre cuando sentí que no tenía flojera de levantarme de la cama, de la que salí pocas veces, y tenía muchas ganas de recobrar la vida laboral y social que tenía antes de estar embarazada. Las malas del último trimestre tampoco me amilanaron, como la sudoración excesiva, las oleadas de calor, los pies hinchados, el peso infinito, el dolor de espalda, entre otros.

Todos esos malestares eran consecuencia de las exigencias que se requieren cuando vivimos el milagro de formar una nueva vida en ese espacio que de repente se torna un santuario, nuestro vientre.

Un mes antes de dar a luz, me fui a casa de los suegros, en un pueblo a seis horas de mi pueblo, y mi esposo quedó en casa. Ellos me recibieron con mucho cariño y me dieron la atención y los cuidados dignos de una reina. Habían preparado y decorado una habitación al lado de la de ellos, me acompañaron a las consultas prenatales, hicieron un intento de consolarme cuando me dijeron que “no podía parir porque era una primigesta añosa” de treinta y un años y cuando me hicieron aquel horrible tacto para saber cómo iba la cosa. Sabía que la lactancia era lo mejor y estaba dispuesta a luchar por ella y quería parto, pero acepté resignada la ingrata intervención médica. Por lo demás, todo marchaba sobre ruedas.

Mi vida durante ese mes antes del nacimiento de MI fue hermosa porque ya todo el tiempo se iba en dar retoques a los detalles de bienvenida. Me llené de ansiedad y de muchas expectativas, soñaba con ella y me imaginaba cómo sería mi vida con ella en mis brazos. Apenas si tuve chance de echar una leidita rápida a lo que es la crianza con apego y apenas si estaba dispuesta a no dejarla llorar cuando naciese. Una semana antes de la inne-cesárea, llegó mi esposo y sentía que mi felicidad era infinita.

Pero la felicidad no es infinita y la historia tiende a tener reveses inimaginados. Mi primera gran depresión empezó al día siguiente de la cesárea. Esa historia ya la he contado antes en lo que pensaba era una denuncia prescrita.

Al día siguiente del nacimiento de MI, con quien pasé mes y medio entre suegros, primos, tíos y hermanos y amigos paternos, empezó la gran odisea. Nunca me imaginé que la cesárea haría su primer tanto en contra de la lactancia ni que las hormonas me invalidarían físicamente para defender aquello en lo que creía.

Me sentí sola porque mi esposo dejó de ser mi esposo para ser el hijo de aquellos que pasaron de ser mis maravillosos suegros a ser mis rivales. Por la fuerza con que resistí el ataque a la lactancia, fui constantemente calificada de terca, de ignorante, de retrasada, de inconsciente y demás. Mi hija estaba flaca y amarilla a los ojos de la familia y lloraba todo el tiempo por mi culpa. Mi cuarto ya no era mi refugio y había perdido en poco espacio personal que me quedaba al tener un desfile de más de veinte personas de la familia opinando sobre cómo hacer las cosas incluso a altas horas de la madrugada, cuando MI apenas hacía un ruidito para pedir la teta. Perdí privacidad física y emocional.

Poco a poco, con las noches de insomnio eternas y los dolores en los pezones inmensos, fui cediendo terreno hasta que, en la tercera semana, bajo las recomendaciones de la prima médico, entregué con mucha frustración, la batalla. Ella misma me compró el maldito pote de fórmula y yo pensé que me dejarían en paz.

100 8836 300x225 ¿Quién da vida a quién?

A un mes de su nacimiento

Sintiéndome sola en un planeta ajeno, sin entender el llanto de mi hija, me fui marchitando. Mi humor cambió, mi cara, mi actitud, mis respuestas. Entregué el mando. Entonces, fui constantemente calificada de amargada y respondona. “Esta no escucha consejo de quienes sabemos”, “ella es una “nueviza” que no sabe nada y se cree que las sabe todas”.

 

Hasta que llegó el día del regreso. Mi esposo sospechosamente me insistió en que Mi y yo nos quedásemos en casa de los suegros quince días más y, en medio de una discusión, impuse mi regreso. Preparándome para el viaje, mientras empacaba los miles de regalos que le hicieron a MI durante los dos meses y medio que duró mi estadía, soñaba con regresar a casa a abrazar a mi marido, a dormir oliendo su piel, a levantarme en la madrugada a dar teta y sentirme acompañada por primera vez desde que nació mi bebita. Soñaba con hacerme cargo de mi vida sin la intromisión imprudente de terceros.

La entrada a casa fue como un suspiro largo por el que fluye todo el oxígeno del planeta. Mi hermana menor me encontró flaca y demacrada, pero ya esa primera etapa estaba por terminar. Ya al mando de mi vida, todo volvería a su lugar, ya tendría tiempo de retomar mi vida.

Pero no todo terminaba allí. Al terminar la inmensamente grata bienvenida, sentí que a mi esposo se le pasó el suiche de la calidez al distanciamiento y la frialdad totales. ¿Qué pasó?, ¿por qué no me dejaba abrazarlo?, ¿por qué se quedó despierto toda la noche?

La segunda madrugada, cuando me levanté para darle teta-tetero a mi pequeñita, decidí preguntarle abiertamente: ¿qué te pasa?

Su respuesta fue como un empujón al fondo del abismo, con la sensación de un frio en el estómago incluido: Ya no te amo. ¿Cómo había dejado de amarme si ahora teníamos a una hermosa bebé que venía a coronar nuestro amor?, ¿ahora qué hago con todo este amor que siento por él?

Para resumir, mi esposo me dejaba porque, en mi ausencia, se había liado con la secretaria de su oficina, una mujer totalmente opuesta a mí en gustos y totalmente adherida al sistema social, había dejado de pagar las cuentas durante tres meses para gastarse el dinero saliendo con ella y ahora se iba porque la amaba. Tras eso, descubrí una serie de infidelidades e historias escabrosas que sucedieron a mis espaldas durante mi embarazo.

Miles de preguntas me invadieron. Me sentí culpable por haber plantado batalla contra los suegros porque quizá ese fue el detonante. Me sentí culpable por haber entregado la batalla sin saber que este idiota no lo valoraría. Me sentí culpable de haber aceptado mudarme con él y de haber salido embarazada. De repente, la felicidad que sentí durante mi embarazo por haber formado una vida perdió importancia. Perdí las ganas de vivir.

No me dejé hundir más porque algo lejos, una vocecita casi muda me llamaba y me recordaba que MI no tenía la culpa de lo que pasaba. Ella ni siquiera había pedido nacer. Fui yo la que la deseé y la soñé y la esperé. Yo le di la vida y yo debía hacerme responsable de ella.

Confieso que me perdí los primeros tres meses de su vida porque mientras dormía, lloraba en estado depresivo y cuando despertaba, me tragaba las lágrimas para que ella “no me viese llorar”. La verdad es que ella lloraba dormida y despierta. Yo no la supe entender.

Si no hubiese sido por la incesante compañía que me hicieron mis hermanas y mis amigas, especialmente mi hermana menor quien me ayudó a recuperar la lactancia exitosamente, este estado se hubiese alargado in saecula saeculorum. Pero el mayor apoyo lo recibí de aquella criatura a quien le di vida en mi vientre.

Nov 2011 014 ¿Quién da vida a quién?

Risa de MI

Por MI, por sus primeras sonrisas, por sus cantos mañaneros, por sus pequeños abrazos, su delineada boquita buscando mi pezón, sus puñitos cerrados alrededor de mi seno, por sus caritas de admiración cuando descubre algo de este inmenso mundo que para ella es totalmente nuevo, por su risa ligera, por sus ojitos llorones cuando tiene hambre o quiere el abrazo de mamá, por ella y solo por ella me levanté del fondo del hueco y empecé a trepar muy poco a poco para salir y continuar con la vida.

 

Siempre he sentido que ella me llama y me desea y me sueña y me espera. Ella me está dando la vida de vuelta, los deseos de aprender, de investigar sobre maternidad, crianza con apego, parto humanizado, lactancia materna, sobre ese instinto que nos da la vida cuando damos vida. Es nuestra historia la que me impulsa a desear ayudar a otras mamás y papás a procrear conscientemente.

Es mi hermosa hija la que me da solaz cuando duerme a mi lado y su cuerpito busca mi calor. Es ella quien me devuelve la esperanza y el deseo de luchar por hacer de este un mundo mejor. Es ella quien me hace preguntarme: ¿Quién le dio la vida a quién?

¡¡Cumpleaños feliz!!

HPIM2678 150x150 ¡¡Cumpleaños feliz!!

Día antes de la cesárea

Tal día como hoy, hace un año, a esta misma hora (9:45 am) nació Mariana, mi sol y mi alegría.

Muchos sentimientos se me revuelven, muchos recuerdos cargados de nervios y todos los colores. Hace unos minutos le dije al anestesista que me dolía la herida y él me inyectó algo en la vía.

A esta hora estaba sumida en un sueño psicodélico mientras mi hija emergía de mi interior, con la ayuda de manos ajenas. Dentro de un rato se hará un año de estar en recuperación, en una sala fría, en un hospital sin luz, escuchando el llanto de mi nena, el más alto del universo, llamándome, mientras escucho al gineco-obstetra gritar desesperado porque el de la planta no estaba y no se había recuperado el servicio eléctrico en el quirófano del materno. Agradecí haber sido la primera cesárea atendida y no estar en la posición de la que en ese momento estaba en la mesa de operaciones, mientras un dolor ardiente me acuchillaba el vientre. Sin fuerzas, acostada en la camilla, estaba feliz. Sí, infinitamente feliz porque no importaba nada, cada vez estaba más cerca de abrazar y besar a mi hija.

IMG00263 20110710 1406 150x150 ¡¡Cumpleaños feliz!!

MI al salir de quirófano

No se puede describir la felicidad de ver el embarazo llegar a término, no solo porque se acabaron las manchas de sudor en las axilas y en el pecho por los calorones que me atacaban en el último trimestre o porque ya no me sentiría como una tortuga patas arriba luchando por voltearme cuando trataba de levantarme de la cama, sino porque ya iba a estar cara a cara con la compañerita que todas las noches golpeaba la cama cuando me acostaba del lado izquierdo, la que enterraba sus piecitos en los pulmones y la que me hacía (y hace) sentir la supermamá más afortunada del mundo.

Copia de Imagen0843a 1 ¡¡Cumpleaños feliz!!

El dúo dinámico!